Los golpes en la puerta, antes que llamar su atención le escandalizaron
porque temía que a cada nuevo embate sucumbieran las bisagras y dejaran
caer los dos portones, grandes y pesados, de madera traída de la India. "Ya
va, ya va", dijo con cierta impaciencia, que se disipó cuando abrió.
Un niño le informó: "Padre, los sepultureros se agarraron a golpes en
el cementerio".
Subió en la bicicleta después de arremangarse la sotana blanca y pedaleó
con desespero para encontrarse con el espectáculo: los dos cuidadores de
tumba estaban protagonizando una trifulca sin precedentes, ni siquiera en
las contiendas de box que tanto le gustaban en su niñez.
El cementerio San Miguel, de Santa Marta, al norte de Colombia, estaba
lleno de curiosos. Incluso, aprovechando la aglomeración, algunos avivatos
vendían empanadas, refrescos y pan, y un fotógrafo de la plaza central,
ofrecía imágenes tomadas en su cámara de revelado instantáneo. "Para
las guarde para el recuerdo", gritaba.
Los tres pronto estaban inmersos en la gresca hasta que llegó la policía.
Uno de los agentes se santiguó y a porrazos logró separarlos en procura de
conducirlos a la delegación. Aún en la celda continuaban gritándose
improperios y uno de ellos, con el ojo amoratado, amenazó al cura: "Apenas
salga de aquí, lo mato".
El incidente no pasó a mayores, gracias a Dios, pero los tres
protagonistas salieron en radio prensa y televisión y alguien incluso
hasta propuso que sirviera de argumento para una telenovela.
Arreglar antes que sea tarde
Los cristianos, como nuevas criaturas por la obra redentora del amado
Señor Jesús, debemos evidenciar nuestra nueva naturaleza (Juan 1:12; 2
Corintios 5.17). Y una de los aspectos que debe caracterizarnos, es el
diálogo. Procurar resolver los problemas antes que se agraven.
El apóstol Pablo escribió: "No paguéis a nadie mal por mal; procurad
lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de
vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros
mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito
está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor" (Romanos 12:17-19).
Quien obra justicia es Dios. A Él debemos dejarle que se manifieste con
poder y salga en nuestra defensa como poderoso gigante. Resolver todos los
asuntos a nuestra manera, además de que no es lo más aconsejable, puede
conducir a empeorar las cosas.
Le invito para que acogiendo la recomendación de la Palabra de Dios,
encomiende todas las dificultades que tenga, en manos de Dios. Pídale que
le ayude a resolver los conflictos. Si camina asido de su mano, puedo
asegurar que en todos los casos, encontrará una solución.