La operadora de la central de radio parpadeó extrañada y pidió al
interlocutor, al otro lado de la línea telefónica, que le contara de nuevo
los hechos. "Aquí enseguida de nuevo Juan está golpeando a su padre".
Ella se traslado en la imaginación a la escena de los hechos y, cuando
anunció que los guardas iban en camino, se quedó pensando que igual podría
ocurrir en su familia o en tantas otras donde se evidenciaba la falta de
respeto.
Esa noche, mientras cenaban, le compartió a su marido: "Hoy atendí un
caso extraño, de hijos que maltratan a sus padres. Me dejó inquieta".
Sin prestarle mayor atención y mientras se defendía de una tremenda presa
de pollo que amenazaba con dejarle satisfecho, respondió: "Todo tiempo
pasado era mejor".
El incidente es uno de los que diariamente ocurren en los hogares de todo
el mundo. Un reciente estudio que debatió el Congreso en Colombia
evidenció que tan solo en el primer semestre del 2008 se atendieron 538
casos de agresiones contra personas mayores de 60 años, que en el segundo
semestre de dicha vigencia, se elevaron a 647.
Alrededor del 50% de las confrontaciones fueron protagonizadas por los
propios hijos. Los hechos están relacionados, en todos los casos, con
intolerancia. "No soporto más a mi madre", dijo una joven cuando
fue interrogada en la Comisaría de Familia.
El asunto es cada vez más creciente y se ve reflejado con mayor dramatismo
en la sociedad americana. Y todo comenzó, de acuerdo con reconocidos
sociólogos, en la década de los setenta cuando se abrieron mayores
libertades a los hijos, se desestimaron sus brotes de rebeldía y se
eliminó definitivamente toda invocación a Dios en las instituciones
educativas.
Principios y valores, el fundamento
Corregir a los hijos una vez han tomado alas, resulta complicado. Por esa
razón, un primer paso que debe dar nuestra sociedad, es fundamentar en
principios y valores a los niños. Sembrar en ellos enseñanzas de respeto,
tolerancia, amor y diálogo, que perduren en el tiempo.
Las Escrituras son muy claras cuando, a través de una intervención del
Señor Jesús, enseña: "Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también
vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Porque
Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al
padre o a la madre, muera irremisiblemente… "(Mateo 15:3-5)
Honrar es bendecir y respetar. Bendecir siendo para nuestros padres motivo
de alegría y no de tristeza cuando les elevamos la voz, llevamos
deliberadamente la contraria sin escuchar sus consejos y de paso, llegar
al nivel de agresión. Respetar, estrechamente ligado a considerar la
posición que tienen nuestros progenitores y como solemos repetir en
Latinoamérica "dar dignidad a sus canas".
Pero mi recomendación final es una: permita que el Señor Jesucristo sea
quien reine en su hogar. Abriéndole las puertas a Él, aseguramos familias
sólidas y con bendición. ¡No lo olvide jamás!