La sencillez identificó sus comienzos, como el de muchos. Un joven que
recién llega a la iglesia, demuestra interés por las cosas de Dios y en
sus constantes diálogos con sus líderes expresa deseos de servir en la
obra. Jamás decía no cuando se trataba de hacer algo por la
proclamación del evangelio. Incluso perdió la cuenta de los sábados y
domingos que invirtió distribuyendo folletos con el mensaje de las Buenas
Nuevas.
--Encuentro en Hugo Armando un creyente a quien debemos promover al
liderazgo—dijo en cierta ocasión el pastor con los diáconos. Fue
asignado a la Escuela Dominical, luego como presidente de la juventud y
después como encargado del servicio de los hujieres. A esta altura, el
ministro a cargo volvió a sugerir:--Creo que llegó la hora de enviarlo
a estudiar al Seminario Bíblico--.
Financiaron su carrera durante cinco años. En ese lapso no perdió la
sencillez. Demostraba buena voluntad en todo cuanto se le encomendaba. Era
el primero en llegar al templo y el último en retirarse.
El problema comenzó cuando, concluida su formación teológica, fue ordenado
pastor y manifestó un cambio definitivo en su forma de comportarse. Se
tornó déspota, creía que todos debían reverenciarlo apenas llegaba a la
sede de la iglesia, no perdía oportunidad para hacer valer su título,
llegó a creer que era más espiritual que otros y criticaba a los
superiores jerárquicos en la denominación...
¿Qué lleva a alguien que inició una crecimiento progresivo pero sostenido,
a perder de vista la sencillez y humildad que deben identificar a un
siervo de Jesucristo? Sin duda desprenderse de la mano del Maestro. El es
el dueño de la obra, nuestro superior, aquél a quien representamos.
Jamás he visto al vendedor de algún producto diciendo con orgullo:"¡Qué
buen vendedor soy!" Por el contrario, su propósito es promocionar
aquél artículo que comercializa y resaltar la empresa que lo produce. El
no se promociona a si mismo, porque trabaja para alguien. Igual usted y
yo: servimos a Jesucristo y es a El a quien debemos exaltar.
Humildad y sencillez: principios de vida
El evangelio de Mateo en el capítulo 21 desde el versículo 33 al 16,
refiere la parábola que compartió el Señor Jesús a sus discípulos, a los
fariseos y a los principales sacerdotes.
Les habló de labradores que, apenas se va su Señor, cometen todo tipo de
arbitrariedades y desmanes. "Por tanto os digo, que el reino de Dios
será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de
él. Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella
cayere, le desmenuzará" (versículo 44).
Permita que el liderazgo cristiano le permita crecer, asido de la mano de
Cristo, y no abra las puertas para que el orgullo y la vanagloria ocupen
su corazón por el cargo que ocupa en la congregación...