El pastor Leonardo estalló emocionalmente como una represa gigantesca que
--como consecuencia de múltiples roturas-- precipita hacia delante los
muros con los que aguanta enormes volúmenes de agua y desencadena una
avalancha sin precedentes.
--No entiendo por qué estoy atravesando por una situación así—dijo.
Adeudaba dos meses de renta, pocas personas llegaban al templo, a sus
hijos los habían devuelto del colegio por moratoria en las cuotas, no
tenía un peso para echarle gasolina al automóvil y además, ese día no
tenía ni siquiera para comprarse un café tinto.—A veces pienso que Dios
no cumplirá sus promesas—prosiguió mientras jugaba nerviosamente con
sus manos--. Todo va de mal en peor y no veo de qué manera pueda llegar
a tener un ministerio bendecido... --.
Una y otra vez había emprendido trabajos de evangelización. En ocasiones
había experimentado rechazo, ataques, críticas y desplantes. Pese a ello,
varios pastores y líderes habían confirmado en profecía que sería
progresado en la proclamación del evangelio. Sin embargo no veía que nada
extraordinario ocurriera.
Hablamos por largo rato. El trabajo no era fácil, sin duda; tampoco era
tiempo de renunciar. ¿Qué hacer? Humanamente no había forma de superar la
crisis a menos que escogiera vincularse a un trabajo secular. Volvimos las
páginas de la Biblia: "Nuestra alma espera a Jehová; nuestra ayuda y
nuestro escudo es él. Por tanto, en él se alegrará nuestro corazón, porque
en su santo nombre hemos confiado." (Salmo 33:20, 21).
Principios de victoria
Varios principios de vida que se aplican a Leonardo, a mi y a quienes
servimos al Señor y afrontamos momentos críticos.
El primero, esperar en Dios. Permitir que nos agobie la
desesperanza nos llevará a un revés espiritual.
Segundo, nuestra ayuda viene de Dios porque es a El a quien servimos.
En momentos de crisis, es necesario volver a El nuestra mirada en procura
de su auxilio.
Tercero, en el Creador encontramos ayuda pero también fortaleza para
seguir adelante, porque es nuestro escudo contra el desánimo. Cuarto, en
el Padre encontramos ánimo y paz cuando todo en derredor se derrumba, y
por último, es en El y nadie más que en El en quien debemos confiar.
Al salir del templo, había tranquilidad en nuestros corazones. El pastor
Leonardo enfrentaba instantes complejos, yo también en una de las sedes de
nuestra denominación en el Distrito de Aguablanca, al oriente de Santiago
de Cali. Pero la circunstancia cambió cuando, volviéndonos a la Palabra,
buscamos en Dios el auxilio oportuno en períodos de dificultad... ¡Usted
también recibirá la divina ayuda si la busca ahora!