El tránsito de una vida disipada a un compromiso real con su esposa, no
fue fácil. Llevaba muchos años acostumbrado a pensar y a obrar sin
principios ni valores, y ahora que tenía a alguien especial a quien
valoraba no solo por su belleza física sino por los sentimientos que
atrajeron su atención, no estaba dispuesto a perderla.
--Comprendo lo que dices, pero no dudarás que la arquitecta de al lado
es una mujer hermosa, brillante y además está interesada en ti; es algo
que salta a la vista cuando nos reunimos a trabajar—le dijo un
compañero de muchos años mientras tomaban la merienda en la cafetería.
--Tengo un hogar estable, no voy a arriesgarlo—repuso dando cabida
a la duda.
--¿Arriesgar tu matrimonio? ¡estás loco! Si es aquí mismo donde pueden
relacionarse. No se tú, pero te lo pierdes...—le recriminó.
Guardaron silencio. Aquel hombre le instaba a proseguir con las miradas
que desembocarían en una conversación más íntima hasta un compromiso de
mayor orden con aquella persona. Pero definitivamente no debía ni podía
hacerlo.
--Lo siento, definitivamente no. Ni siquiera pensarlo. Además, ahora
estoy comprometido con cristo—explicó.
Su amigo le miró disgustado y con el gesto de quien quisiera acabar al
otro con llamas de fuego, le dijo:--Definitivamente la religión te hizo
un pusilánime...—
De regreso a casa iba pensando en aquél diálogo. Era muy complejo
renunciar a un pasado. Sin embargo, apenas le recibió su esposa,
sonriente, se reafirmó en la decisión de proseguir firme; jamás cedería.
Hablaron del asunto y aunque no fue fácil que ella lo entendiera en un
comienzo, decidieron orar al Señor Jesús en procura de fortaleza
espiritual.
Llamados a vencer
Usted y yo fuimos llamados a vencer el pecado. Al aceptar al Hijo de Dios
en nuestro corazón, se produjeron dos cosas: la primera, El nos perdonó de
todos los pecados del pasado. La segunda, nos dio una nueva naturaleza que
nos torna vencedores por encima de la tentación.
La Palabra dice: "Sabemos que nuestra vida de antes, murió con
Cristo en la cruz para que fuera destruido lo que desea pecar dentro de
nosotros y dejáramos de ser esclavos del pecado" (Romanos 6:6. Nuevo
Testamento: la Palabra de Dios para todos).
Usted no puede obrar como antes. Ahora tiene la capacidad de sobreponerse
a la tentación cuando vuelve su mirada a Jesús, el Señor. Podrá
lograrlo...