Cosechamos lo que sembramos...
A José Javier "Machete" le dispararon cuando se bebía una gaseosa en la
tienda de la esquina, y comentaba con sus amigos el alto costo de la vida.
"Un día de estos nos cobrarán hasta por el derecho a respirar" dijo
mientras que el tendero miraba hacia la calle, con un ansia reprimida de
que terminaran la bebida y se alejaran pronto del lugar.
Los impactos rompieron su cráneo y se incrustaron en algunas costillas.
Los asesinos le descargaron el contenido de un arma. Sus acompañantes no
tuvieron tiempo de percatarse qué le había ocurrido. Apenas escucharon
tronar, emprendieron veloz huida. En momentos así lo que más se desconoce
es el alcance de la palabra amistad.
Horas después llegaron muchos que fueron víctimas de sus fechorías.
Alguien a quien dejó inválido por robarle un reloj, un ama de casa a la
que le arrebató sus alhajas de plata con todo y fragmentos de sus orejas,
un adolescente que exhibe en su abdomen las cicatrices de las cuchilladas
que le propinó por robársele el dinero de la merienda, y el propietario de
una compra-venta, a quien le desocupó el negocio en cuestión de minutos
como si estuviera protagonizando una escena cinematográfica.
José Javier estuvo tres días en su casa, después de muerto. La familia
perdió la cuenta de la enorme cantidad de velones que gastaron en el
velorio. No podían ir a enterrarlo porque las pandillas de dos barrios
cercanos advirtieron que harían rodar el féretro para arrastrar su cuerpo
por las calles. La sepultura solo fue posible cuando un grupo de agentes
de la policía escoltaron a los deudos, en el Distrito de Comas, al oriente
de Lima.
Cuide sus acciones con los demás
Quien siembra mal, desgracias recogerá. Es una ley inevitable que ha
estado presente en la historia del género humano. A este principio se suma
algo que escapa a nuestro dominio: las emociones encontradas y tal vez el
resentimiento que asiste a quienes les causamos perjuicio, motivan su
venganza.
¿Qué hacer entonces? Lo aconsejable es no causar daño a quienes nos
rodean, no criticar, no juzgar, respetar las opiniones ajenas, ayudar
antes que robar la tranquilidad a los demás, y ante todo, guardar una
buena conciencia delante de Dios.
El apóstol Pablo escribió: "Traten de hacer lo posible para vivir en
paz con los demás. Queridos amigos, no traten de vengarse de quien les
haga algo malo, sino esperen a que Dios los castigue, porque así está en
las Escrituras..." (Romanos 12:18, 19 a. Nuevo Testamento: la Palabra de
Dios para todos).
Quien ama a Dios y camina conforme a sus principios --que hallamos en la
Biblia-- sin duda alcanzará un buen nivel en las relaciones
interpersonales, mantendrá equilibrio consigo mismo y crecerá en su
intimidad con el Creador...