¿Te has preguntado cuán honrado eres?
La primera vez que sustrajo algo, tenía cinco años. Lo recuerda bien
porque, a tan corta edad, fue el crimen perfecto. Se llevó las
fichas de un rompecabezas de la casa de su primo. En la escuela tampoco
desperdiciaba oportunidad para sustraer algo.
Sí, es cierto que su padre bien pudo comprarle aquello que necesitaba,
pero a John Carlos ese tipo de riesgo lo estimulaba. Era como ganar un
trofeo. El problema era deshacerse de los objetos. Tiempo después se
cansaba de ellos y terminaba arrojándolos a la basura.
Hoy lo despidieron del trabajo. Llevaba cuatro años retirando diversos
elementos de su sitio de trabajo. Estaban detrás de su pista, pero era muy
hábil. Y cayó de la manera más elemental. Cuando franqueaba la puerta de
salida se cayó su maletín y rodaron por el suelo dos baterías para cámara
digital. El costo no sobrepasaba los cincuenta dólares, pero no era el
valor si no el reto—en sus propias palabras—de llevarse algo burlando la
vigilancia.
La Plaza de Caycedo en pleno centro de Santiago de Cali, es un lugar
hermoso y paradisíaco en las tardes si usted va a disfrutar de la brisa
que baña la ciudad. Pero es un lugar deprimente si es a primera hora de la
mañana, y usted está en una de las muchas sillas de granito buscando
trabajo en la sección de clasificados del diario capitalino. Es ahora la
nueva ocupación de John Carlos, aunque sabe que igual, así tenga empleo,
volverá a incurrir en lo mismo.
La honradez glorifica a Dios
Cleptomanía, dirá alguno; avaricia, interrumpirá otro; un hábito
perjudicial, terciará alguien al opinar sobre el incidente. Cualquiera sea
la definición de la sicología, de la teología o del sentido común, es una
práctica que toma fuerza con los años y en buena parte de los casos no se
supera con terapias y sesiones de diálogo con especialistas.
El apóstol Pablo escribió que los cristianos deben obrar "...
procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino
también delante de los hombres"(2 Corintios 8:21). No robar tiempo
en el trabajo, pagar los impuestos, cancelar el valor justo por lo que
adquirimos, regresar un vuelto al empleado bancario que se equivocó y
evitar pasarnos de listos, son características de un verdadero seguidor
del Señor Jesús.
¿Quién nos ayuda a vencer aquellas inclinaciones que traen tantas
dificultades? El poder de Jesucristo. Lo obtenemos cuando lo buscamos en
oración. El secreto es depender de El y no de las capacidades que nos
acompañan. En Dios obtenemos la victoria...