Ps.
Fernando Alexis Jiménez-
Greta cerró la puerta con violencia. Detrás quedaban sus padres atónitos,
en medio de un desayuno a medio consumir, una mañana soleada de domingo.
Corrió lo más fuerte y veloz que pudo y cuando Cecilia, su progenitora
salió a la calle, la joven estaba abordando un taxi.
Jamás olvidaría ese incidente porque marcaría el comienzo de una nueva
vida, de la que se arrepintió por muchos años. Azuzada por unos amigos, se
mudó al apartamento de otra chica, igualmente rebelde y quien se preciaba
de ser independiente, contraria a cualquier regla superior. Días después
descubrió de dónde provenían los ingresos: de la prostitución.
La muchacha terminó involucrada en el negocio. Ganaba buenos recursos.
Pero a la par, comenzó a sentir asco por los hombres. Los veía como seres
licenciosos, infieles, que obraban movidos más por el instinto que por la
razón. Por ese motivo rechazó varias propuestas de hombres que
pretendieron sacarla del bajo mundo.
Greta se independizó. Consiguió su propia residencia y trabajaba desde
casa, atendiendo citas por teléfono. Las ganancias eran cada vez más
abundantes, así debiera restringirse de comer para conservar un peso
"ideal" y consumir licor y hasta drogas. El dinero que conseguía terminaba
invirtiéndolo en lujos, cocaína y heroína.
Cierto día, cuando consideraba que su vida era un laberinto sin salida,
decidió ir a un teatro cercano donde proyectaban la "Pasión de Cristo".
El filme le impactó y la llevó a cuestionar no solo su forma de pensar
sino de actuar, sujeta a la prostitución y las drogas. Tomó dos decisiones
que considera, fueron esenciales: la primera, se aisló cambiando línea
telefónica y lugar de habitación; y la segunda, comenzó a asistir a una
pequeña iglesia, cerca de su área. Dios le permitió conseguir un trabajo,
como dependiente de una Boutique. Hoy tiene su propio negocio, en San
Salvador.
Su vida cambió dramáticamente. Salió del ahogo con el que luchó por mucho
tiempo…
Dependiendo del hombre… o de Dios
¿Qué determina el que a una persona le vaya bien y a otras no?¿Influyen
factores como la buena suerte o portar en la parte más recóndita de la
billetera una patica de conejo?¿Sirven de algo los sortilegios
supuestamente mágicos? Sin duda muchos interrogantes cruzarán por su mente
en este momento. Estas preguntas le han llevado a examinar rápidamente lo
que está ocurriendo con su propia cotidianidad.
Uno de los escritores más antiguos de la humanidad explicó una ley
inevitable, según las cual, cosechamos lo que sembramos. Lo hizo en los
siguientes términos: "No dabas de beber agua al cansado y negaste el
pan al hambriento.¡Tú, el hombre pudiente que poseía la tierra, el
distinguido que habitaba en ella, a las viudas enviabas vacías y quebrabas
los brazos de los huérfanos! Por eso estás rodeado de lazos y te turba un
espanto repentino; estás en tinieblas, de modo que no ves, y te cubre un
torrente de agua" (Job 22:7-11).
Todos los seres humanos debemos hacer un alto en el camino periódicamente
y examinar cómo está nuestra vida. Sin duda descubriremos que usted y yo
somos responsables por gran parte de las cosas que nos ocurren
actualmente. Si cambiamos, volviendo nuestra mirada a Dios en procura de
ordenar el curso de nuestros días, conforme a Su voluntad, necesariamente
cambiarán las cosas.
A la pregunta de si es posible salir de la encrucijada, tengo una
respuesta corta y considero que categórica: definitivamente si.
La Biblia tiene un fundamento claro para esta esperanzadora noticia:
"Vuelve ahora en amistad con Dios y tendrás paz; y la prosperidad
vendrá a ti. Toma ahora la Ley de su boca y pon sus palabras en tu
corazón. Si te vuelves al Omnipotente, serás edificado y alejarás de tu
morada la aflicción. ¡El Todopoderoso será tu oro y tendrás plata en
abundancia!" (Job 22:21-23, 25).
No tiene sentido que siga hundiéndose en sus propias fuerzas. Por ese
camino sólo se orienta hacia el abismo. Piense que el panorama puede
cambiar, que está en sus manos, y los resultados serán del cielo a la
tierra. Puede significar un giro de ciento ochenta grados. ¿De quién
depende? De usted. Basta con determinar volverse a Dios, someterse a Él y
andar en Sus caminos.