Ps.
Fernando Alexis Jiménez-
Las imágenes se tornaron recurrentes. Emergían con la rapidez de un
destello de luz en una noche oscura. Eran secuencias mezcladas, como en
una película sin forma, de aquellas que viajan del pasado al futuro y del
futuro al presente, sin dar tiempo a procesar las escenas. En todos los
pensamientos abundaban inclinaciones a la perversión.
Joaquín estaba desesperado. No concebía que como cristiano estuviera
enfrentando una situación así. En su mente se libraba una tremenda
batalla. De un lado estaba su convicción de creyente, comprometido con
asumir fidelidad a Cristo, pero de otra parte, emergía esa naturaleza
carnal, inclinada a todo lo prohibido.
--Dios mío, ayúdame por favor…--repetía con angustia en medio de la
desesperación que le despertaba el sentirse atrapado en una red de la que
no podía escapar.
Y aunque su llamado al Señor en procura de fortaleza, nacía en lo más
profundo de su corazón, experimentaba la frustración de ver como sus
pensamientos eran nuevamente dominados por la lascivia, y ese deseo—por
momentos irrefrenable—de llevar a la práctica todo lo que concebía.
Y ahí estaba, pasadas las diez de la noche. Acababa de llegar de un culto
que le pareció maravilloso, en el que el Espíritu de Dios se había movido
poderosamente, y él, conectándose a una página de pornografía,
aprovechando que sus padres se habían acostado.
Aunque sabía que buscar aquellas imágenes plagadas de maldad eran las que
le mantenían atado, consideraba que le resultaba muy difícil renunciar a
tales prácticas. Su mente estaba gobernada por imágenes de perversión…
Lo que pensamos, hacemos…
Hasta tanto aceptemos el hecho de que lo que pensamos está íntimamente
ligado con nuestro comportamiento, estaremos amarrados a la maldad. Si
permitimos que nuestros ojos vean toda la maldad que vende Websites de la
Internet, revistas, películas o incluso relatos, estaremos dando vueltas
como en un círculo vicioso, levantándonos y cayendo.
El Señor Jesucristo advirtió sobre la necesidad de cuidar nuestro corazón,
que en términos prácticos, es esa parte donde procesamientos y guardamos
toda la información que posteriormente dejamos emerger con palabras y
acciones: Él dijo que "…del corazón salen los malos pensamientos,
muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios,
blasfemias. Estas cosas son las que contaminan al hombre" (Mateo
15:19-20).
El evangelista Marcos lo describe la advertencia del amado Maestro en los
siguientes términos: "Porque de dentro, del corazón de los hombres,
salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los
homicidios, Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las
desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez.
Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre" (Marcos
7:21-23).
Se trata de algo muy valioso para nuestra vida porque, a partir de las
Escrituras, aprendemos que nadie más que nosotros puede determinar qué
información aceptamos que se filtre a nuestra mente. Y también, somos
nosotros y nadie más que nosotros quienes reaccionamos a esos estímulos.
Querámoslo o no, actuamos movidos en gran parte por lo que pensamos, y el
propio Jesús sabe lo que anida nuestro corazón--.(Lucas 5:22).
Caer en pecado, producto de acariciar pensamientos de maldad, es trágico.
Una historia cuyo final podemos fácilmente preveer, tal como nos enseña la
Biblia:
"Y una espada traspasará tu alma de ti misma, para que sean manifestados
los pensamientos de muchos corazones" (Lucas 2:35).
Mi sincera recomendación, a partir de hoy, es que sea muy cuidadoso con
aquello que piensa. Medite en el hecho de que muchas acciones de pecado
podrían evitarse tan solo con filtrar cuidadosamente lo que alojamos en la
mente, desechando todo aquello que nos incline a la maldad.