Ps.
Fernando Alexis Jiménez-
Desde el vientre, Dios conocía su presente
y futuro
El día que decidió volver las páginas inconclusas de su vida pasada,
descubrió que días, meses y años habían transcurrido con la fugacidad de
un comenta atravesando el cielo estrellado, y que antes que un profesional
en ingeniería, parecía un corredor de motos de alta velocidad en una pista
despejada en un atardecer caluroso en Cali.
Un matrimonio desecho, unos hijos esquivos cada que los visitaba, un
trabajo en el que tenía conflictos con todos, un trato mezquino con
quienes le rodeaban y la pregunta recurrente en la soledad de su
habitación: "¿Por qué el mundo es así conmigo?".
Pero lo que más le inquietaba era su dificultad para emprender un cambio.
El propósito de ser diferente, asequible, comprensivo y tolerante, lo
hacía cada fin de año. Apenas sonaban las doce campanadas del reloj, a la
medianoche del 31 de diciembre, decía "Seré mucho mejor mañana".
Pero todo volvía a su génesis, al comienzo, al fracaso. Se encontraba con
la realidad de ser una persona sumamente difícil de tratar.
Lo que le llevó a ese examen de su existencia, fue la carta de despido de
una fábrica procesadora de metales en la que le dijeron que no iba más
debido a sus dificultades en las relaciones interpersonales. Aunque le
resultó duro admitirlo, reconoció que el problema no estaba en los
demás—como había creído siempre—sino en el él mismo. Si él cambiaba,
cambiaría el mundo. Se tomó el café despacio, mirando a la nada, en esa
distancia difusa en la que rostros se confundían con niños jugando y
ejecutivos que avanzaban presurosos para tomar el autobús.
Fue entonces cuando volvió su mirada a Dios. Y Él, solamente Él, le ayudó
a emprender ese proceso de cambio que tanto anhelaba.
Solo en Dios encontramos ayuda
No desconozco que la fuerza de voluntad representa un poderoso ingrediente
para afianzar nuestro proceso de transformación. Sin embargo, no deja de
ser más que nuestras fuerzas, proclives a fallar cuando surgen los
primeros inconvenientes.
Dios nos creó y Él, que sabía de nosotros desde cuando estábamos en el
vientre de nuestra madre, es quien nos puede ayudar a alcanzar cualquier
meta que nos fijemos: "Mis huesos no te fueron desconocidos cuando
en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra
era yo entretejido. Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya
escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no
existía uno solo de ellos." (Salmo 139:15, 16. Nueva Versión
Internacional)
Es importante depender de nuestro amado Señor antes que de nosotros y lo
que nos fijamos como meta. No que esté mal olvidar que tenemos un norte y
es la fidelidad al Señor, pero es en Él en quien debemos descansar y de
quien debemos depender. Con Él escalaremos muros y venceremos obstáculos:
no le quepa la menor duda.