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Sirviendo Al Cuerpo De Cristo

"Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren." Jn..4:23

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Meditación para Mayo 22 -2009

Ps. Fernando Alexis Jiménez-

¿Quiere que las cosas salgan bien en su vida?

El día que Juan Carlos me contó que iba a comprar el automóvil, tenía los ojos grandes y brillantes, con el mismo fervor enfebrecido que quizá tuvo Alfredo Nóbel cuando descubrió la dinamita, en 1867. Sus manos no se podían quedar quietas y navegaban por el escritorio, con la inquietud propia de un niño que juega travieso en un parque después de toda tarde haciendo tareas en casa. "Primero pídele a Dios que te muestre cuál es su voluntad al respecto", le dije.

Me miró desilusionado, como si estuviera compartiéndole malas noticias. "Pero es un carro precioso, buena lámina, motor que ruge como león africano y una cojinería de ensueño", argumentó pesaroso. Minutos después se despidió y lo vi salir de la oficina con un aburrimiento que se reflejaba en los pasos lentos.

Cierto día, camino de la iglesia, estaba en una avenida principal empujando el cacharro. Sudaba. Finalmente y cuando me encontraba a pocos metros, aprecié su frustración por la fuerza con la que asestó un golpe a la cajuela del auto y después, como niño al que le apagan el televisor, comenzó a dar puntapiés a uno de los neumáticos.

--¿Problemas, Juan Carlos?—le pregunté aunque reconozco que no tenía sentido interrogarlo, ante lo obvio de la situación.

--Sí, este bendito carro que sacó la mano. Me dejó a mitad de camino—consultó el reloj y prosiguió--: lo grave es que en cinco minutos debería de estar presidiendo la alabanza en el culto. ¿Dios, por qué me ocurre esto a mí?—

La siguiente vez que lo encontré, frente a la Plaza de Caycedo, en pleno centro de Cali, estaba poniendo un aviso clasificado en un periódico de Santiago de Cali, procurando vender el vehículo, por mucho menos dinero del que lo había comprado. "Estoy orándole a Dios que encuentre comprador", musitó.

Hace pocos días una mujer que cerraba un negocio de venta de empanadas cerca de la iglesia, se quejó de su suerte y me preguntó: "¿Por qué me va tan mal?". Analizamos su caso. "¿Oró a Dios por dirección antes de abrir el local de comidas rápidas?", interrogué. "Realmente no, Fernando. Parecía una buena oportunidad", se defendió.

Tanto en el caso de Juan Carlos como en el de esta creyente en Jesucristo, el común denominador es el mismo. Nos dejamos arrastrar por lo que parecieran buenas oportunidades.

Obramos movidos por nuestro "buen criterio" y no conforme a la voluntad de Dios, que hace las cosas perfectas. Como es natural, todo cuanto hacemos accarrea consecuencias y lo que no queremos es asumir la responsabilidad. En tales casos, lo más probable es que terminemos echándole la culpa a Dios de nuestros fracasos, sin reconocer que actuamos mal y por esa ley espiritual y universal, es natural que nos vaya mal.

¿Qué hacer entonces?

Si queremos aprender un principio de éxito, es consultar a Dios todo cuanto vayamos a hacer. La Biblia nos enseña este aspecto cuando el rey David escribió: "Encomienda a Jehová tu camino, y confía en él; y él hará" (Proverbios 37:5).

Aprendemos entonces que todo proyecto, por muy prometedor que luzca, debemos someterlo a la voluntad del Supremo Hacedor; en segundo luchar, confiar que nada de cuanto Dios hace es improvisado sino que por el contrario, es para nuestro bien, y tercero, esperar que Él obre. El actúa en Su tiempo, no en el nuestro. Por esa razón no es conveniente tratar de ayudarle.

¡Piénselo! Desde hoy toda iniciativa, llévela a la presencia de Dios. Puedo asegurarle que tendrá victoria en cuanto emprenda.


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