Ps.
Fernando Alexis Jiménez-
Cuando Loida salió de la congregación pensaba que todos se irían tras
ella. Esa convicción la acompañó por mucho tiempo, cuando lideraba las
damas. Es cierto que era buena predicadora e incluso, elocuente en los
conocimientos bíblicos; pero de ahí a que arrastrara todos como una
estrella fugaz que lleva tras de si una estela, había mucho trecho. Sintió
desilusión cuando comprobó que había salido, pero sola.
Cuando invitamos al conferencista que aparecía en la televisión, a una
campaña en nuestra pequeña iglesia, antes que preguntarnos sobre la fecha,
tema de la actividad y lugar donde se realizaría, se ocupó de explicarnos
cuál era su tarifa, los "requisitos" para aceptar la invitación y
enfatizarnos que la ofrenda, además, debía pagarse en dólares.
A mi gran amigo Manuel lo vi en las calles. No, no se equivoque. No estaba
evangelizando entre los asiduos asistentes a la Plaza de Caycedo, en pleno
centro de Santiago de Cali, sino en los enormes afiches que proclamaban su
presencia en un coliseo y la ocurrencia de "milagros". El texto no
aclaraba que era porque se movería el Espíritu Santo, sino que dejaba
entender que la presencia de aquél ministro "movería los cielos"
para que ocurrieran sanidades y milagros.
Todo lo anterior sin referir al líder que en una asamblea pastoral se me
acercó para fanfarronear: "Dios me dio un mensaje tremendo. Créalo,
hermano, poder y unción. Invíteme a predicar el próximo domingo y verá,
hermano, ¡qué mensaje tan tremendo!" Me retiré sin decir palabra. No
había nada qué decir…
No somos el centro de la iglesia
Para tristeza, abundan quienes consideran que una congregación crece y es
prospera, porque están ellos. Aun cuando proclaman creer en Jesucristo y
servirle a Él, no hacen otra cosa que favorecer sus propios intereses.
Consideran que son el centro del universo, y por supuesto, de la iglesia.
Si alguien está avanzando ministerialmente, lo desechan, ponen talanqueras
en su camino o buscan denigrar de su ministerio. Les mueven los celos.
¿Qué nos dice la Biblia al respecto? Que usted y yo simplemente somos
instrumentos en Su obra.
El apóstol Pablo hizo claridad sobre este asunto cuando escribió:
"¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos? Servidores por medio de los cuales
habéis creído; y eso según lo que a cada uno concedió el Señor. Yo planté,
Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios. Así que
ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el
crecimiento" (1 Corintios 3:5-7).
Tome nota de un aspecto trascendente: el centro de la Iglesia es
Jesucristo y la fuente de todo poder es Dios. Usted y yo no somos más que
servidores.