Ps.
Fernando Alexis Jiménez-
Roberto salió de la oficina del pastor con paso ligero. Ni siquiera volvió
la mirada. El portazo se escuchó en todo el templo. Hacía decidido cerrar
la puerta tras de si, ante la mirada atónita del pastor.
Y no era para menos. Acababa de confesarle su decisión de abrir otra
denominación. "Acá ya no encuentro unción", le dijo.
--Pero si siempre nos has acompañado. Es más, aquí te formaste como
líder—le argumentó.
El joven rechazó todo diálogo y salió con rapidez. Era evidente que quería
evitar una confrontación.
No se despidió de sus compañeros de congregación y del grupo de jóvenes.
Una semana después se enteraron que había abierto un local, con varias
sillas plásticas y un púlpito, y que se daba a la tarea de llamar a todos
los miembros de la iglesia de la que había salido, profiriendo todo tipo
de acusaciones contra el pastor al tiempo que les ofrecía espacio en la
nueva congregación.
Una verdadera epidemia
Terminé de predicar en la iglesia de un ministro y un antiguo líder me
mandó llamar. "El pastor Pedro lo espera afuera--me dijo un
jovencito. —Desea saludarlo".
¡Tremendo error! Ir a saludarlo se convirtió en el espacio propicio para
que vertiera toda la hiel de amargura que invadía su corazón: "No entiendo
por qué viniste a esta congregación Fernando, si sabes que acá no se mueve
el Espíritu Santo".
Entendí que sólo se había parado afuera, para seguir haciendo lo que por
tanto tiempo, según me enteré después: Denigrar del pastor de aquella
iglesia, procurando robarse las ovejas.
El Señor Jesucristo fue claro al advertirnos que estamos llamados a
construir el reino de Dios: "Mas buscad primeramente el reino de
Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mateo 6:33).
El centro del asunto no está en buscar ni la prosperidad, ni el
reconocimiento o la fama, sino proclamar a Jesucristo y ayudar en la
extensión de su reino. Lamentablemente se ha invertido el orden de las
prioridades y hoy día, como una peligrosa epidemia, abundan quienes
quieren "construir su propio Reino". Dejan de lado a Jesucristo para
proclamarse ellos mismos.
No permita que ocurra una situación así con su vida y ministerio. Recuerde
siempre que cada estrella brilla con luz propia y si Dios le da
preponderancia, su desenvolvimiento ministerial dejará mucho fruto. Enviar
a otros o dividir iglesias, no hace más que destruir, antes que construir.