El sobre blanco, pequeño, sin un matasellos. Lo entregó el cartero al
promediar la tarde. Sintió que su corazón daba un vuelco y, por instantes,
deseó que dentro no estuviera la notificación sobre el proceso jurídico
para desalojarlos de aquél apartamento. ¡Anhelaba que todo fuera diferente
y, como en otras épocas, gozara de buenos ingresos económicos! La carta,
breve, impersonal, con palabras contundentes, le instaba a presentarse a
un juzgado, señalando día, hora y lugar.
Anticipó que vendrían problemas. Su vida cambió desde que le notificaron
la suspensión del contrato de trabajo. En una ciudad tan grande no era
fácil conseguir empleo de docente. Su esposa y una hijita no eran
culpables de la situación, así es que a pesar de las circunstancias, jamás
cambió su actitud afable y amorosa hacia ellas.
--¿Qué dice la carta?—le preguntó la mujer, mientras se acercaba
curiosidad a su esposo.
No tenía sentido ocultar la verdad, así es que le extendió el documento:
--Inician el proceso de lanzamiento. Debemos estar preparados--,
dijo.
--¡No puede estar pasándonos esto!—se lamentó ella, mientras le
miraba con incertidumbre.
--No te preocupes, amor, Dios no nos dejará solos en esta situación--,
le respondió con una sonrisa amplia y confiada.
No, no quedaron sumidos en la crisis. Es cierto, debieron desocupar aquél
apartamento, pero el Señor abrió puertas para que rentaran una casa y,
aunque el salario no era el mejor, logró emplearse como profesor, en un
colegio de secundaria.
Nada ni nadie debe robarle la paz
Imagine por un instante un náufrago prendido de una tabla, en altamar.
Para él aquel madero era su tabla de salvación, lo único que tenía. Igual
los cristianos. Dios es nuestra única salida. Él y nadie más es quien nos
puede sacar de la crisis, cualquiera que ella sea. Por esa razón, nada ni
nadie debe robarnos la paz.
El apóstol Pablo en su segunda carta a los cristianos de Corintio
escribió: "Por lo demás, hermanos, tened gozo, perfeccionaos,
consolaos, sed de un mismo sentir, y vivid en paz; y el Dios de paz y de
amor estará con vosotros" (2 Corintios 13:11).
Los problemas y dificultades no pueden ni deben robarnos la el gozo.
"Tened gozo", tal como lo recomienda, implica permanecer firmes en la paz
y alegría de vivir que llega a nuestra vida cuando recibimos a Cristo
Jesús como Señor y Salvador.
Si enfrenta dificultades, sométalas a Dios. Pídale su ayuda. Permítale que
gobierne sus decisiones para que sean acertadas. Y ante todo, no permita
que los obstáculos lo sustraigan del optimismo, fe y entusiasmo que le
acompañan en su condición de cristiano.