Eran pasadas las doce de la noche. Sólo estaba encendida la luz del cuarto
de estudio. Afuera llovía fuertemente. Orlando se restregó los ojos con el
dorso de las manos. Estaba cansado. Llevaba mucho tiempo frente al
computador. Su esposa se asomó a la puerta. Estaba adormilada.
--No puede creer que estés otra vez en lo mismo—le dijo, en tono de
reproche.
--Tranquila, ya apago el computador. Voy para allá—se defendió.
Era la quinta vez en menos de un mes que, aprovechando el profundo sueño
de ella, él se conectaba al Internet para ver pornografía. Aunque no
quería admitirlo, se había convertido en una poderosa adicción.
Lo más preocupante era que justo al amanecer del domingo, debía estar al
frente de la congregación presidiendo la oración preparatoria del culto…
En otro espacio diferente, esa misma noche, Rómulo no podía conciliar el
sueño. No sabía qué hacer. Aunque se esforzaba por vivir conforme a la
Palabra de Dios, sentía la impotencia de caer una y otra vez en adulterio
con una compañera de oficina.
Una relación de vieja data. Todo comenzó como una amistad que estrechó sus
lazos hasta convertirse en un concubinato no declarado. Ni a él ni a ella
les convenía un escándalo. Los dos estaban comprometidos y no querían
romper sus respectivas relaciones.
Ernesto por su parte despertó con una llamada inesperada en el teléfono
celular. Al otro lado de la línea se encontraba su novia. Llevaban un
compromiso de diez meses. Ella era la líder juvenil reconocida en la
ciudad. Su mayor aspiración era graduarse como abogada.
--No puedo soportarlo, Ernesto. Creo que estoy embarazad…---musitó
entre sollozos.
--Debiste decírmelo esta noche…--dijo él.
--Sabes que no hubo tiempo. Además querías que habláramos de otros
asuntos y no de mi situación. No se qué hacer…--
--Pero pudiste decírmelo… Además sabes que no estoy para asumir una
responsabilidad así… Estoy en la mitad de la carrera de ingeniería y
desvincularme de los estudios sería terrible…---argumentó.
Un problema común
Aunque pretendamos desconocer el fenómeno, la inmoralidad sexual está
alcanzando dimensiones de epidemia en una sociedad caída como la nuestra.
Cada día aumentan los índices de adulterio, embarazos no deseados,
adicciones a prácticas sexuales aberrantes y, además, las consecuencias
que se derivan de estos comportamientos.
Indistintamente de si queremos o no abordar el asunto a la luz de la
Biblia, no podemos cerrar los ojos a la realidad: la dignidad del ser
humano se ve vulnerada y las reacciones no se hacen esperar. Los celos, el
resentimiento y la desilusión son tres de las resultados que se desprenden
de estas actitudes.
Es probable que usted mismo revise su vida y encuentre que la forma como
actúa no es la más apropiada. Pone en peligro la relación familiar. Además
es probable que le acompañe una sensación de culpa que le sigue a todas
partes como una sombra.
Pero puede ocurrir también que considere que no se trata de su problema.
Al evaluarse conceptúa que moralmente está sujeto a unos principios y
valores que le convierten en alguien sano en su forma de pensar y de
actuar. Pero cuidado…¡Usted puede caer en la inmoralidad sexual!
Jamás olvide lo que dice la Biblia:
"Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera
peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo
en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo
venga a ser eliminado. "