Ps.
Fernando Alexis Jiménez-
Siempre había tenido dificultades. Es más, desde que tenía razón,
enfrentó muchos problemas. Llegó incluso a pensar que, de esa espiral sin
fondo, no la sacaría nadie. Pero como si fuera una ola, las contrariedades
pasaron y los inconvenientes, grandes y pequeños, entraron a ocupar un
segundo plano.
Pero
ahora sí que iba en serio. Su jefe inmediato le hizo ojeriza porque un
día, cuando le propuso que avalara una contabilidad doble con el fin de
amparar una serie de irregularidades, Elena se negó. Sus nuevos
principios, ahora como cristiana, se lo impedían. “Lo siento, pero no
puedo ayudarle en esto. Prefiero renunciar”, le dijo. “Pues desde
este momento prepárese para salir de la empresa. Trabaja hasta el fin de
mes”, le explicó. ¡Y comenzó su Calvario! A la más mínima acción
recibía una voz de reproche.
Jamás imaginó que aún siendo cristiana, experimentaría tantos motivos de
tristeza. Los días se fueron sucediendo lentos. Cada nuevo amanecer veía
el calendario y se preguntaba qué pasaría. Finalmente y cuando llegó el
momento de su desvinculación, tenía mucha paz en su corazón. En ese duro
proceso aprendió que los cristianos también se ven confrontados por
contratiempos que amenazan con robar su tranquilidad y que la única manera
de conservar el equilibrio, y permanecer firmes, es asiéndose de la mano
de Jesucristo, el Señor.
Hoy Elena ha vuelto a sonreír porque las circunstancias han cambiado, y
sabe que, así emerjan los problemas en el momento menos esperado, saldrá
airosa porque el Salvador está de su parte y le ayuda a vencer…
No exentos de tener problemas
Si hay un hecho que no podemos desconocer, es la presión que ejerce una
sociedad caída en el pecado como la nuestra en la que priman la envidia,
el resentimiento, el egoísmo y la maldad. Los elementos de presión que
recibimos llegan a extremos inimaginables que amenazan nuestra
tranquilidad y pone delante el desánimo y la desesperanza.
En
el proceso de resistir las situaciones adversas, corremos el peligro de
estallar. ¿La razón? El ser creyentes no nos asegura un blindaje frente a
los problemas. Por el contrario, si hay algo previsible son los problemas,
las presiones y la ansiedad.
Los
problemas y la madurez espiritual
Como lo anotamos hace unas cuantas líneas, crecemos a través de los
problemas. Pero agreguemos otro elemento que es necesario considerar. Las
dificultades nos llevan a desarrollar la madurez espiritual.
Consideremos el siguiente pasaje bíblico: “Sobre
este tema tenemos mucho que decir aunque es difícil explicarlo, porque a
ustedes lo que les entra por un oído les sale por el otro. En realidad, a
estas alturas ya deberían ser maestros, y sin embargo necesitan que
alguien vuelva a enseñarles las verdades más elementales de la palabra de
Dios. Dicho de otro modo, necesitan leche en vez de alimento sólido. El
que sólo se alimenta de leche es inexperto en el mensaje de justicia; es
como un niño de pecho. En
cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que tienen la
capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues han ejercitado su
facultad de percepción espiritual. ” (Hebreos 5:11-14)
Los creyentes del primer siglo, al igual que puede ocurrir hoy, eran
tardos para oír, tendientes a quedarse en los primeros rudimentos de la fe
y resignados a los pocos avances en su crecimiento. Esa condición les
impedía alcanzar nuevas dimensiones en la vida de Dios. En tales
circunstancias se dificulta el crecimiento personal y espiritual y, sin
duda, los primeros problemas amenazarán con llevarlo a correr con
desespero, sin rumbo fijo.
Tenga presente que la inmadurez espiritual es el fruto de ser oidores
pero no hacedores de la Palabra. Crecer está ligado a la perseverancia.
Tenemos que tener presente que hay una enorme diferencia entre
envejecer en el Señor, y crecer en el Señor. ¿En
cuál estado se encuentra usted?
Los problemas no desaparecerán porque los ignoremos. Estarán siempre ahí,
latentes. En nuestra nueva condición de cristianos aprendemos que es
necesario enfrentarlos. Sin duda saldremos airosos en nuestro propósito,
porque a diferencia de épocas pasadas, tenemos a Jesucristo morando en el
corazón y Él nos lleva a sobreponernos a las dificultades. ¡Obtendremos la
victoria!