Ps.
Fernando Alexis Jiménez-
Pablo vende rosas. Rojas, blancas, amarillas, rosadas. Tiene doce años. Se
ubica todas las mañanas junto al semáforo, en el barrio Los Álamos, al
norte de Cali. Sus ojos revelan inocencia, ternura e incluso sueño.
“Rosas, rosas, baratos los ramos” pregona. “Para la esposa, para la
novia, para la amiga...”. La misma rutina todas las mañanas, cuando el
sol despierta perezoso sobre nuestra ciudad.
Si, yo se: en su país, ciudad y barrio también venden rosas. Estamos de
acuerdo en ese punto, pero sobre lo que deseo llamarle la atención es
sobre el drama que hay detrás de Pablo. Es apenas un adolescente. Lo ideal
es que hiciera lo propio de un niño de su edad. Jugar, soñar, disfrutar
del calor de su hogar y responder a los compromisos escolares.
Nuestro amado Señor Jesucristo expresó su amor por los niños: “Mas
Jesús, llamándolos, dijo: “Dejad a los niños venir a mí, no se lo
impidáis; porque de los tales es el reino de Dios. De cierto os digo, que
el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él”
(Lucas 18:16, 17).
Los Pablos que hay en todas partes
Tal vez usted no puede hacer nada por Pablo. Quizá está lejos de sus
posibilidades. Sin embargo, cerca de usted tiene a muchos Pablos...Sus
hijos, sus hermanos, sus sobrinos...¿La tarea? Dejarlos que vivan a
plenitud la niñez... Crear las condiciones propicias para que disfruten
cada instante. Estos hermosos recuerdos del amor, la tolerancia, la
comprensión que le ofrecieron sus padres, jamás se borrarán de su
mente...Un abrazo, una frase de estímulo, un regalo, son semillas que
germinan...Y de paso, sirve de base para que él mismo sea un buen padre,
un buen hermano y un mejor amigo...
Es posible que al leer sobre Pablo, el niño que vende rosas, reflexione
que es el fiel retrato de su vida o de su familia. Reconoce que no ha sido
un buen padre...Esa situación puede cambiar. Dios quiere transformar su
existencia y la de su familia...