Ps.
Fernando Alexis Jiménez-
En la mañana camina de un
juzgado a otro ejerciendo su profesión de abogado. Es amable, generoso y
honrado, como coinciden en asegurarlo amigos y conocidos.
Casado hace 18 años y con
tres hijas, cumple su rol de padre y esposo, separando el tiempo necesario
y suficiente para compartir buenos momentos con su familia. ¿Un hombre
común y corriente? Por supuesto que si. Sin embargo hay algo que torna
diferente a Francisco José Duque. Su vida social y hogareña testimonian
que es un cristiano comprometido.
Pero hay un elemento
adicional: Francisco José es el segundo obispo colombiano de la Iglesia
Anglicana. Fue escogido de manera unánime por laicos y sacerdotes de la
comunidad anglicana. Hoy desarrolla en Cartagena, la ciudad amurallada y
ventana colombiana hacia el Caribe, una encomiable labor de asistencia
espiritual y social, ayudando a los más necesitados. Como profesional, en
el día, y como obispo, en la noche, testimonia que es un cristiano donde
quiera que se encuentra.
¿Qué
es más importante la investidura o el ser?
El cristiano no lo es por la
forma como viste, por el vocabulario que usa o por caminar en todo momento
con la Biblia bajo el brazo. Se es cristiano por entender y asumir que
fuimos rescatados de nuestra mala manera de vivir, por la obra de nuestro
amado Señor Jesucristo en la cruz. A partir de ese momento, fuimos hechos
nuevas criaturas.
La Biblia explica que:
“Donde quiera que vamos, siempre llevamos en nuestro cuerpo la muerte
de Jesús, para que también su vida se manifieste en nuestro cuerpo”
Y también señala que “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es
una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado lo nuevo!” (2
Corintios 4:10 y 5:17).
Con más frecuencia de lo que
usted se imagina, me llegan cartas de personas que se sienten frustradas
porque sus propósitos de cambio terminan en fracaso. El temperamento, las
debilidades de la carne, algún hábito peligroso, todo reaparece a pesar de
estar tratando de ver un cambio. ¿La razón? Estas personas o tal vez sea
su caso, están luchando en sus propias fuerzas.
¿La
salida al laberinto? Depender de las fuerzas que nos da el Señor
Jesucristo... con su divina ayuda ¡Podremos lograrlo! ¡Emprenda ese camino
hoy...! Usted no está solo, Dios le acompaña...