Ps.
Fernando Alexis Jiménez-
El quedar huérfana a los
ochos años, quedar sin amparo de nadie y verse obligada a deambular en las
calles en procura de alimento y cobijo, jamás doblegó la voluntad de
Adriana Lucía Restrepo.
Vagabundear es muy
peligroso, más cuando es una mujer quien experimenta esa situación. La
noche en particular era un período tormentoso. Vio de todo. Lo que más
partía su corazón eran los enfrentamientos de los drogadictos. Se
enfrentaban por alucinógenos. Vio morir a un adolescente a manos de un
mendigo mayor que lo golpeó hasta la saciedad. Lo acusaba de robarle parte
de la marihuana que guardaba en un hueco, debajo de un puente.
En medio de la miseria
aprendió a orar. Lo hacía sin mayor coherencia. Clamaba a Dios. Le pedía
su respaldo. “No me dejes sumida en esta situación”, repetía. Y la
respuesta no se dejaba esperar. Nunca se encontró arrinconada con un
peligro contra su integridad física. Alguien aparecía en medio de la
oscuridad, como un ángel, y la defendía.
A los trece años una familia
le ofreció albergue. Es ayudaba a vender productos del campo en la plaza
de mercado. Con lo poco que ganaba, que enfatizo era bien poco, logró
estudiar su secundaria y, terminado el ciclo, emprender una formación
intermedia.
Firmes
por encima de las circunstancias
Adriana Lucía dirige hoy una
fundación que ayuda a los indigentes en Lima, Perú. En particular se
preocupa por la niñez. Ahora es madre de dos pequeñines. Y en su criterio,
en tanto tenga fuerzas, jamás permitirá que un menor viva una experiencia
similar a la suya.
Lo que vivió por años
testimonió aquél principio bíblico que leemos: “Aunque mi padre y mi
madre me abandonen, el SEÑOR me recibirá en sus brazos” (Salmo 27:10).
Dios es nuestro protector, aún cuando todos alrededor nos abandonen.
La
historia de esta mujer deja dos valiosas lecciones: la primera, que si
buscamos la protección divina, el Señor nos responde y guarda nuestro ser.
La segunda, que las condiciones difíciles que enfrentemos no constituyen
un pretexto para dejarnos vencer en el camino hacia la conquista de los
sueños que hayan germinado en el corazón.