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Job capítulo 1 - (RV60) -Las calamidades de Job
1 Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y
recto, temeroso de Dios y apartado del mal. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Fuente: "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." Libros poéticos - Job - Tomo-2. Editorial CLIE. SubirJob comentario Capítulo 1 Comienza aquí la
historia de Job con un informe... Versículos 1-3 Se nos dice aquí de Job: I. Que era un varón, un hombre de carne y hueso y, por tanto, sujeto apasiones (Stg. 5:17, lit.) semejantes a las nuestras; que vivía en la tierra de Uz (mejor, Us. Hebreo, Uts), en la parte oriental de Arabia, cerca del Eufrates. Dios tiene un remanente en todas partes. Fue un gran privilegio para el país de Us tener allí un hombre tan bueno como Job. Cuanto peores eran quienes le rodeaban, tanto mejor era él. Su nombre: Job (hebreo, Iyob) significa, según unos, «hostilizador»; otros piensan que significa «hostilizado». II. Era muy bueno: cabal, es decir, íntegro (mejor que «perfecto») y recto. Este es el juicio que la Palabra de Dios hace de él, por lo que sabemos que ha de ajustarse a la verdad.
1. Job era piadoso: temeroso de Dios. III. Era piadoso, aun siendo próspero. Aunque es difícil que un rico entre en el reino de los cielos, no es imposible, con tal de que tenga corazón de pobre (Mt. 5:3). La prosperidad de Job añadía nuevo lustre a su piedad, y le deparaba mayores, y más numerosas, oportunidades de hacer el bien.
1. Tenía una familia numerosa. Su piedad era eminente, pero no estaba
recluido en una ermita ni en un monasterio, sino que era un honrado padre de
familia. Versículos 4-5 Ulterior informe de la piedad y prosperidad de Job. I. Una señal
de la prosperidad de Job y de la bendición de Dios era su numerosa familia.
Siete hijos (número ideal en descendientes varones; v. 1S. 2:5; Rut 4:15);y
tres hijas daban testimonio de esa bendición (V. Sal. 127:3; 128:3;
144:12). Era un gran consuelo para este buen hombre, II. La preocupación de Job por el estado espiritual de sus hijos (v. 5). 1.
Tenía un santo celo de que se conservasen puros y sin mancha en medio de todas
sus fiestas. Así deberían comportarse los padres que profesan la fe cristiana. (A) Tan pronto como pasaban los días de banquete, los mandaba llamar para purificarlos. Les hacía examinar la conciencia y arrepentirse de cuanto hubiesen hecho digno de reprensión. Así conservaba su autoridad sobre ellos para bien, y ellos se sometían de buena gana, a pesar de que ya habían formado su propia familia. Job continuaba siendo el sacerdote de la familia, y a su altar venían sus hijos, apreciando el participar de sus oraciones más que el participar de su hacienda. Es cierto que los padres no pueden dar a sus hijos la gracia ni la salvación (es Dios el que santifica), pero deben fomentar su santificación con oportunos consejos, admoniciones y plegarias. (B) Ofrecía sacrificios por ellos. Job tenía, como Abraham, un altar para su familia. En tales ocasiones extraordinarias, ofrecía mayor número de sacrificios que de ordinario, conforme al número de todos ellos. «Por este niño oraba», dijo Ana a Elí (1 S. 1:27). Así también Job oraría por cada hijo en particular, ya que las plegarias, lo mismo que las exhortaciones, han de acomodarse al temperamento y a la condición de cada hijo. Se levantaba de mañana, madrugando para ello como quien tiene puesto el corazón en la obra. (C) De esta manera hacía cada vez. Era perseverante en sus funciones sacerdotales. Los actos de fe y arrepentimiento han de renovarse con mucha frecuencia, puesto que con mucha frecuencia renovamos nuestras transgresiones. Quien haya de servir a Dios rectamente, ha de servirle continuamente. Versículos 6-12 Job era, además de recto y piadoso, sabio y prudente, rico y grande en todos los aspectos, de tal manera que habríamos de pensar que la montaña de su prosperidad era tan fuerte y firme que no había cosa que pudiese removerla o sacudirla. Pero aquí vemos aproximarse sobre la cabeza de Job una negra y densa nube. El diablo, tanto mayor enemigo de Job cuanto más eminente era la piedad de éste, pidió y obtuvo permiso para atormentarle. Es posible, y aun probable, que la dramatización que el autor hace aquí de la conversación entre Dios y Satanás sea parabólica, como la de Miqueas en 2 R. 22:19 y ss., pero no deroga en forma alguna a la credibilidad de la historia de Job en general. I. Entre los hijos de Dios (de ordinario, los ángeles), hallamos (v. 6) un adversario , pues eso es lo que significa Satanás : un enemigo de Dios, de los hombres y de todo lo bueno. Este adversario se mete de rondón en esta asamblea de los hijos de Dios, pero con muy diferente objetivo. Los ángeles son presentados en la Biblia actuando benéficamente en servicio de los hombres (V. He. 1:14) o realizando diversas actividades por encargo de Dios (Vea. por ej., Gn. 19:15-22). En cambio, Satanás, el acusador de los hermanos (Ap. 12:10), sólo intenta hacer daño, pues es mentiroso y homicida (Jn. 8:44). II. Dios pregunta a Satanás (v. 7): ¿De dónde vienes ? Dios sabía muy bien de dónde venía Satanás y qué objetivo le traía allí, pero le pregunta delante de los ángeles como para pedirle cuentas de sus actividades y mostrarle que le tiene bajo su vigilancia y control. III. El
informe que Satanás da de sus actividades por el mundo. «De recorrer
-dice- la tierra y de andar por ella». IV. La pregunta que, a continuación, le hace Dios acerca de Job (v. 8): iNo has considerado a mi siervo Job ? ¡Cuan honorablemente habla Dios de Job! No hay otro como él en la tierra. Como diciendo: «¿Cómo es que no te has dado cuenta de la extraordinaria virtud de ese hombre? Es mi siervo » (comp. con Is. 42:1) ¿Qué elogio mayor que ése? A continuación Dios repite las mismas laudatorias que ya había inspirado al autor del libro (v. 1): Varón cabal y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. V. La vil insinuación del diablo contra Job en respuesta a la pregunta de Dios. No podía negar que Job era un hombre cabal y recto, pero da a entender que Job teme y sirve a Dios por interés mercenario (v. 9): «¿Acaso teme Job a Dios de balde?» Satanás se impacienta al oír elogios sobre Job, aun cuando sea Dios mismo quien le elogia. Los que no soportan el que otros sean alabados son imitadores del diablo. Satanás tiene a Job por hipócrita a sabiendas de que es mentira. Éste es el común proceder de los calumniadores, detractores y murmuradores: insinuar, con frases mordaces o silencios calculados, que «no es oro todo lo que reluce», aun cuando el oro pueda pasar la prueba del fuego. Era cierto que Job no temía a Dios de balde, pues «gran fuente de ganancia (bien entendida) es la piedad» (1 Ti. 6:6), y Job había ganado mucho con ella; pero era falso insinuar que no habría temido a Dios si no hubiese prosperado, como lo demostraron los hechos subsiguientes. ¡Es curioso! Los amigos de Job le acusaron de hipocresía por estar tan afligido, mientras que Satanás le acusó de hipocresía por estar tan prosperado. VI. La querella de Satanás por la prosperidad de Job (v. 10). Aunque no siempre la prosperidad es signo de virtud, lo cierto es que los hijos de Dios gozan de una protección especial y reciben contentamiento de sus labores honestas. Dios había prosperado a Job por la vía de la prudencia, la diligencia y la laboriosidad, no por la de la pereza y la injusticia. Job era rico, pero no era un explotador, sino sumamente generoso con su prójimo. El diablo se siente herido por la prosperidad de Job: «¿No le has rodeado con una valla de protección...?». VII. Satanás pide a Dios que se ponga a prueba la sinceridad de la piedad de Job despojándole de cuanto posee (v. II): «Pero extiende ahora tu mano y toca (esto es, arrebátale) todo lo que tiene, y verás si no te maldice a la cara» (lit.). Aunque el actual texto hebreo dice bendice , sabemos que se trata de una de las correcciones hechas (por una equivocada reverencia) por los escribas (nota del traductor). Así, pues. Satanás lanza un reto a Dios. El diablo es sumamente inteligente y listo, pero no es omnisciente. Su envidia y su rabia le oscurecen la ecuanimidad necesaria para estos casos. Si pudiese triunfar en este desafío, demostrando que Job era un hipócrita contra la declaración del propio Dios, resultaría que no habría en el mundo ni un solo siervo fiel de Dios, que no existiría en la tierra la piedad sincera y que la religión sería una impostura ¡Todos los hombres serían fíeles subditos de Satanás!. VIII. El permiso que otorgó Dios a Satanás para que pusiese a prueba la sinceridad de Job.
1. Es motivo de asombro el que Dios condescienda a otorgar a Satanás tal
permiso, pero lo hace por su propia gloria, por el honor de Job, la demostración
de su Providencia y para animar y consolar a todos los creyentes que sufren y
han sufrido a lo largo de los siglos. Permitió que Job fuese afligido, como
permitió que Pedro fuese zarandeado, pero tuvo cuidado de que su fe no
fallase (Le. 22:32). IX. Salida del diablo de esta reunión de los hijos de Dios. Se fue entonces Satanás, no para recorrer la tierra, sino con un objetivo concreto y directo, a caer sobre el pobre Job, quien va diligentemente por el camino del deber, sin saber lo que le espera. Versículos 13-19 Informe de las aflicciones de Job I. Satanás comenzó a atormentarle el mismo día en que sus hijos comenzaban un nuevo tumo de convites en casa de su hermano el primogénito (v. 13). II. Todas las aflicciones llegaron al mismo tiempo; mientras un emisario le daba malas noticias, venía otro sin dejarle terminar el informe y, tras el segundo, un tercero y, tras el tercero, un cuarto.
1. Así podía parecer, con mayor probabilidad, que era una muestra de
extraordinario desagrado por parte de Dios contra él. III. Le fue arrebatado a un mismo tiempo todo cuanto poseía. 1.
Tenía 500 yuntas de bueyes y 500 asnas, con el número de criados conveniente
para cuidar de los animales, y los perdió a todos de una vez (vv. 14, 15). Sus
vecinos los sábeos se llevaron los bueyes y las asnas y mataron a los criados
que se aprestaban bravamente a defender los animales. Sólo escapó uno
para contarlo. Cuando el diablo obtiene de Dios el permiso para hacer el mal,
nunca le faltan malvados que le sirvan de instrumentos para perpetrarlo. Esta fue la mayor de las pérdidas y, por eso, el diablo se la guardó para el final, a fin de que, si las otras provocaciones fallaban, ésta al menos le incitase a maldecir a Dios. Nuestros hijos son como parte de nosotros mismos; resulta muy duro desprenderse de ellos, y su pérdida le llega a un padre a lo más hondo. Pero perderlos todos, siendo muchos, y todos al mismo tiempo, cuando por tantos años habían sido objetos de sus cuidados y esperanzas, era cosa extremadamente dura. Y, si hubiesen muerto cuando estaban orando, habría podido tener algún consuelo, pero los perdió cuando estaban comiendo, bebiendo y teniendo juerga. Le fueron quitados precisamente cuando más los necesitaba para consolarse de las otras pérdidas. Versículos 20-22 El diablo había hecho todo lo que se le había permitido hacer contra Job para provocarle a maldecir a Dios. Aquel a quien el sol naciente había contemplado como al más rico de los orientales, antes de llegar la noche era ya pobre de solemnidad. Si las riquezas de Job hubiesen sido, según la malévola insinuación de Satanás.el único motivo de su piedad, ahora que había perdido todo cuanto poseía, de seguro habría de perder su religión. Pero el relato que vemos a continuación muestra, con el piadoso comportamiento de Job, que el diablo era un mentiroso, y Job un hombre cabal y recto. I. Se comportó bajo su aflicción como un hombre cabal (v.20): Se levantó, rasgó su manto, rasuró su cabeza, etc. Eran éstas las usuales expresiones de pesar, y con ellas mostraba la sensibilidad de su alma, sin estallar en arranques pasionales de indignación. Frenó su ira y mantuvo bravamente la paz de su alma en medio de tales calamidades. El momento en que comenzó a exteriorizar sus sentimientos no llegó hasta haber recibido la noticia de la muerte de sus hijos. Una persona mundana habría dicho: «Ahora que se fue el bocado, no importa que se hayan ido también las bocas». Pero Job era creyente, y si la Providencia le hubiese preservado los hijos, habría quedado agradecido por ellos aunque no tuviese nada que darles, pues sabía que Yahweh proveería. II. Se compone bajo su aflicción como un hombre sabio y bueno, como quien era temeroso de Dios y apartado del mal más que de las desdichas temporales.
1. Se humilló bajo la mano de Dios, sometiéndose a los designios de la
Providencia, como quien sabía escasear lo mismo que abundar (Fil. 4:12). (A) Reconoció la mano de Dios, tanto en las mercedes de que había disfrutado anteriormente como en las aflicciones que ahora sufría: Yahweh me lo dio y Yahweh me lo quitó. El mismo que lo dio se lo llevó ¿No puede hacer lo que quiera con lo que es suyo? Véase cómo Job eleva la mirada por encima de los instrumentos para remontarse a la Causa Primera. (B) Adoró a Dios en ambas cosas. Cuando todo le había sido quitado, se postró en tierra en humilde adoración (v. 20). Las aflicciones no deben apartamos de los ejercicios de piedad, sino estimulamos a ellos. El llanto no ha de impedir la siembra ni la adoración. «Sea bendito el nombre de Yahweh» -concluye (v. 21). Alaba a Dios en medio de su gran aflicción, esperando que todo resulte para bien y dando gracias a Dios por concederle valor para soportarla. Finalmente , tenemos aquí el testimonio honroso que el Espíritu de Dios da de la constancia de Job y de su buena conducta bajo la aflicción (v. 22). Pasó el examen con sobresaliente. | Ir arriba | Regresar al Indice | - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - o - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Adorador > Sección Libro de Job > Cap. 1
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