Este libro de Job ocupa su lugar
propio, sin conexión con ningún otro libro de la Biblia. Muchas copias de
la Biblia Hebrea lo sitúan detrás del libro de los Salmos; otras, detrás
del de Proverbios. Pero su puesto apropiado es el que tiene en nuestras
Biblias, el frente de los libros poéticos y sapienciales. Siendo un libro
de doctrina, está bien que preceda al de Salmos, que es devocional, y al
de Proverbios que es pragmático, porque ¿cómo podremos rendir adoración y
obediencia a un Dios a quien no conocemos bien? En cuanto a sus
características:
I. Estamos seguros de su
inspiración divina, pero no de su autor humano. En todo caso, aun cuando
Job no pertenecía al pueblo judío, los judíos, como fieles conservadores
de los oráculos de Dios, siempre han retenido este libro en su canon
sagrado. Su historicidad es refrendada por Ez. 14:14, 20; Stg. 5:11. Su
fecha, tenida por los exegetas tradicionales como muy antigua, pertenece,
según los modernos, a la época del destierro a Babilonia, aun cuando la
acción se desarrolle, con la mayor probabilidad, en la época patriarcal,
lo cual se confirma por la longevidad del protagonista (más de 140 años).
II. Lo más importante es el
tema del libro, que gira en tomo al más inquietante de los problemas
humanos: ¿Por qué permite Dios que sufran tanto los hombres, especialmente
los buenos? Frente a la filosofía de los amigos de Job: el sufrimiento es
siempre fruto del pecado personal (¡el que la hace la paga!), el libro
enseña que la providencia de Dios es sumamente misteriosa, y que la
sabiduría y el poder (en fin de cuentas, la soberanía) de Dios son
perfecciones que trascienden la capacidad de toda inteligencia creada.
Job, paradigma del hombre sufriente, ha de reconocer que, ante los
misteriosos designios de Dios, no cabe otra actitud correcta que la de
cerrar la boca, inclinar la cabeza y adorar.
III. El libro puede dividirse
en tres partes claramente señaladas:
1) Informe de los sufrimientos de Job, sobrellevados con paciencia
(caps. 1 y 2), con alguna mezcla de debilidad humana (cap. 3).
2) Disputa entre él y sus amigos acerca de dichos sufrimientos; en
ella:
a) Los objetores son Elifaz, Bildad y
Zofar.
b) El defensor es Job.
c) Los moderadores: primero, Eliú;
después, Dios (caps. 4-41).
3) Finalmente, Job sale de la prueba honrado y prosperado (cap.
42). La moraleja de todo el escrito es que, por muchas que sean las
aflicciones de los justos, cuando el Señor les ha hecho pasar por ellas,
la prueba de su fe resulta en alabanza, honor y gloria de Dios.