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LA
CLONACIÓN: UN PUNTO DE VISTA ÉTICO CRISTIANO
Por:
Ing. Ruby Zapata de Villarreal
| El
Proceso | Clonación natural | Investigación
con células madre |
| Consideraciones éticas de la clonación humana | Otros problemas éticos |
Estamos
en una época de adelantos tecnológicos vertiginosos que provocan confusión
respecto a su validez ética al aplicarlos a los seres humanos. Mayor
todavía es la interrogante respecto a su validez ante los principios bíblicos
y la voluntad de Dios. En especial, la clonación suscita este tipo de
inquietud.
Los
seres vivos están formados por células, y cada una de éstas tiene una
serie de instrucciones genéticas completas llamadas el
"genoma". Desde la primera división a partir de la concepción,
el núcleo de cada célula formada en las divisiones sucesivas contiene
esta información genética completa.
Dentro
del desarrollo embriónico, las células se especializan, es decir, van
diferenciándose para ser unas células cutáneas, otras células
nerviosas, otras neuronas, y así todos los tipos de células que componen
un ser viviente. Cada una ejecuta diferentes funciones, basándose en una
parte determinada del código genético. Este código genético es el que
le dice a cada célula qué tipo de célula es, qué le toca hacer, cómo
y cuándo hacerlo... es el control maestro para la vida. Las partes del código
genético que no son utilizadas por una célula especializada no
desaparecen, sino que se almacenan en estado latente.
En
la clonación, la información latente u oculta del núcleo de una célula
especializada se activa para conseguir a partir de ella un espécimen idéntico:
un clon. Esto es, un ser (planta, animal o humano), derivado de otro
organismo, teniendo componentes hereditarios idénticos. Muchas veces los
clones provienen de la misma célula (como en el caso de los gemelos idénticos
o monozigóticos), o se originan de la célula de otro individuo.

Cuando
se forma un embrión, las células están rodeadas por una capa que se
llama la "zona pelúcida". Si ésta se disuelve y las células
se separan antes de que inicie la especialización celular, las células
individuales pueden ser clonadas, ya que contienen toda la información
genética para producir un organismo completo.
Un
método es que a éstas células se les quite el núcleo con su ADN y se
fusione por medio de una corriente eléctrica con un óvulo que se ha
vaciado de estos elementos. En el caso de Dolly, la borrega clonada por
científicos escoceses, el embrión resultante se implantó en el útero
de la "mamá" que parió a Dolly, donde se desarrolló como
cualquier otro embrión lo hubiera hecho.
Es
necesario tener una célula "madre" (del organismo del que se va
a hacer la copia), un óvulo vacío (de una donadora), y una matriz
preparada para recibir el embrión y llevarlo a término.
Otro
método es que a cada célula ya separada se le cubra con una "zona
pelúcida" artificial para que se forme un embrión que pueda ser
implantado y que se geste enteramente, también en un útero.

La
clonación no un invento reciente, ni humano. Dios dispuso que algunos
seres se reprodujeran de esta manera, como las papas que salen de los tubérculos
de las papas de la cosecha anterior, y saben igual de buenas. Las fresas
también se propagan por guías, que son clones de la planta progenitora,
y su fruta es igual en color y sabor. Otras plantas se propagan por codos.
Algunos animales también se reproducen asexualmente, como ciertos
pulgones, abejas, hormigas, crustáceos y lagartijas. Esta forma de
reproducción requiere solamente de mitosis, que es la división celular
en la que una célula replica su ADN (ácido deoxirribonucléico: el
archivo de la información genética y control de todas las actividades
celulares) y produce una copia idéntica de sí misma.
En
la reproducción sexual también existe la clonación natural: los gemelos
idénticos son clones, ya que el óvulo fertilizado (zigoto) se divide en
dos, y cada una de estas células se desarrolla por separado (por
mitosis-que es el tipo especial de división celular empleado por la
reproducción sexual). Son dos personas con un juego de genes totalmente
idéntico. Sin embargo, aunque las dos personas se ven iguales y se
parecen mucho inclusive en sus características internas como habilidades
innatas, cada una tiene su propia personalidad y su propia alma.

Al
poder controlar el desarrollo a partir de células "madre" se
podría hacer crecer casi cualquier tipo de tejido, lo cual tendría
aplicaciones tremendas en el campo de la medicina. Para un diabético se
podría formar un páncreas saludable que sí generara insulina. No habría
problema de rechazo con un trasplante en el cual el órgano sustituto se
hubiera generado a partir del original. No habría necesidad de suprimir
la respuesta inmunológica del organismo porque el tejido sería
totalmente compatible.
Sin
embargo, habría que tener cuidado con la fuente de estas células. La
manera más fácil de obtenerlas es a partir de embriones, y éstas tienen
un potencial más amplio. Pero implican la destrucción del embrión. No
obstante, se pueden obtener de tejidos de adultos (sangre, médula ósea,
hígado), o del cordón umbilical. Si este es el caso, no hay problema
moral en seguir trabajando en la investigación. Pero un embrión humano
no debe ser usado con ningún propósito. No se deben usar células
embrionarias primitivas.

La
clonación de animales y plantas, especialmente cuando se trata de hacerle
un bien a la naturaleza, es aplicable y no viola ningún principio ético.
La manipulación genética con propósitos de erradicar enfermedades o
aliviar el hambre es otra manera en que esto se realiza sin infringir los
lineamientos morales.
Pero
la línea no se cruza respecto al hombre. La clonación de un ser humano
es éticamente inadmisible. La Biblia marca una clara distinción entre
los demás seres vivientes y el ser humano. Desde el momento de la creación,
el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios: ningún otro miembro
del reino animal fue hecho así (Gn 1:27). Nuestra vida no es solamente
vida física (bios), como la de los animales, sino también vida
espiritual (zoe) (Lc 16:19-31; Fil 1:23). Además, aunque al hombre se le
dio dominio sobre los animales, no se le dio ese mismo dominio sobre otros
humanos (Gn 1:26). Cuando al hombre se le permite alimentarse de animales,
se le prohíbe tomar la vida de otro hombre (Gn 9:2-5; Ex 20:13). El único
que tiene potestad sobre la vida del hombre es Dios.
Al
trabajar con la clonación, necesariamente muchos embriones son
sacrificados. Para producir a Dolly se hicieron múltiples intentos, 98 %
de los cuales fracasaron. Una cantidad de los embriones formados no se
implanta, otra cantidad muere durante la gestación o poco después de
nacer. Cuando se trata de embriones humanos, el costo es demasiado alto,
pues cada embrión es una persona. Eliminar embriones humanos en la
experimentación es homicidio, pues se trata de seres humanos propiamente
dichos, con naturaleza biológica y moral.
Los
clones que sobreviven a las etapas iniciales normalmente son defectuosos.
Padecen de cardiopatías o inmunodeficiencia, insuficiencias en distintos
sistemas y tienden a morir prematuramente. Dolly es una borrega enferma.
La clonación está muy lejos de ser una técnica perfecta, y tal vez
nunca lo llegue a ser. Según Ian Wilmut, el "creador" de Dolly,
sería "criminalmente irresponsable" experimentar con personas<1>.
Cada intento implicaría la muerte de cientos de embriones.
Además,
la manera que Dios estableció para que la humanidad se multiplicara fue a
través de la familia: un padre y una madre. Por tanto, la clonación
artificial de un ser humano completo sería un atentado en contra de un
principio bíblicos establecido, pues no se requiere ni de padre ni de
madre, menos de una familia. La procreación sólo debe de darse dentro
del marco de matrimonio.

Si
se quisiera clonar a alguien con el propósito de conseguir un órgano
para trasplante, también se estaría cruzando la línea ética, pues se
trataría de un bebé creado para el bien de otro, lo cual devalúa la
vida humana. ¡Sería considerarla un producto industrial más!
Si
se quisiera reproducir una persona que ya murió, por razones
sentimentales, se crearían más problemas éticos respecto a parentescos;
también menoscabaría el valor de la vida humana, y por último pero no
menos importante, habría que tener en cuenta que aunque se pudiera copiar
biológicamente a una persona, jamás se podría reproducir el conjunto de
su características personales internas, como el intelecto, la compasión,
el temperamento, la voluntad y demás atributos de la personalidad. El
producto distaría mucho de satisfacer las expectativas (que tenderían a
ser mucho más altas que las que se tendrían para un bebé concebido
naturalmente--que es bien recibido como venga), porque no se comportaría
ni reaccionaría igual al original, y por tanto, habría el riesgo de que
fuera rechazado. Y si se originó en un laboratorio, ¿no sería fácil
eliminarlo al dejar de desearlo? Tendríamos seres humanos
"desechables". En el momento que no te guste, tíralo a la
basura y consigue uno nuevo.
No
se puede desarrollar tecnología que implique la muerte de embriones
humanos ni la devaluación de la vida humana. Este es un caso claro en que
el bien no sobrepasa al mal. Los beneficios que se pudieran conseguir no
son dignos de considerarse, pues implican el asesinato o la desvalorización
de la vida humana. ¿Es moral lograr algo por medios inmorales?
La
clonación de plantas y animales es correcta bajo circunstancias que
conduzcan al beneficio de la humanidad, pero la clonación de humanos no
es permisible bajo consideraciones bíblicas. Atenta en contra de
principios claros, como el carácter sagrado de la vida humana y el propósito
de la procreación (que sólo debe darse en el contexto familiar).
Moralmente no es aceptable.

1
Nancy Gibbs, "La clonación, bajo la lupa", selecciones del
Reader's Digest, abril de 2002, p. 30.
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